Vivir en uno mismo para ser uno mismo

Todos saldremos del confinamiento totalmente renovados. Por dentro y por fuera. Te prometiste hacer deporte en casa y fuiste de los primeros en salir a correr, pero ahora tienes un dolor en un sitio que hasta hace poco no sabías que podía molestarte. Fuiste de esos que dio una oportunidad a la meditación, pero el insomnio que padeces marcha a su antojo sin establecer diferencia entre relajarte y dormir. O no. Y ojalá así sea.

Son muchos los que en este periodo de encierro no han parado de hacerse preguntas, normalmente para sí mismos. ¿Hago lo que quiero? ¿Lo que hago me hace feliz? ¿Estoy dónde quería estar? ¿Soy consciente de hacia dónde voy si sigo en esta dirección? ¿Tiene sentido lo que hago? Todas tremendamente complejas que te obligan a parar en seco y mantener una siempre evitada conversación que acaba finalizando en un proceso de introspección aún mayor.

Lo único que me concierne es lo que debo hacer, no lo que la gente crea que debo hacer. 

Ten hijos, planta un árbol y escribe un libro. Un gran número de personas han crecido con estos tres arcaicos objetivos vitales. Lo peor, es que probablemente nunca se hayan preguntado si eso era lo que buscaban. Es completamente lícito si así lo es, lo que no es justo es que tu propia vida sea dirigida por lo que un grupo considera normativo. Ralph Waldo Emerson, en el ensayo humanista ‘Confianza en uno mismo’, mantiene un discurso basado en la fe en el individuo que bien ejemplifica el nuevo camino a transitar. “Lo único que me concierne es lo que debo hacer, no lo que la gente crea que debo hacer. En esta máxima, tan difícil en la vida práctica como en la intelectual, reside la entera distinción entre grandeza y mediocridad. Es la más ardua porque siempre encontrarás a aquellos que creen saber mejor que tú en qué consiste tu deber”, escribe.

Son innumerables las acciones que llevamos a cabo porque creemos que serán las culpables de grandes cambios en nuestra vida. Por ejemplo, seguir ejerciendo un trabajo aburrido que no cumple las expectativas por el simple hecho de esperar un utópico incremento salarial. Y si no llega, ¿qué pasa? En ocasiones, mirar al pasado sirve para aprender, pero otras, como en este caso, puede llegar a doler. Aferrarse a un trabajo o, previamente, sopesar el comienzo de una carrera como única vía para sostener toda una vida es una de las falacias más extendidas en la era moderna.

El trabajo es importante, no solo por los ingresos económicos que ofrece, pero se hace muy necesario conocer que la verdadera autorealización tiene lugar fuera de este. No hay nada malo en encontrar un propósito en la vida, lo que ocurre es que la gran mayoría de personas tienden a buscarlo fuera de sí mismas.

Cuando te atreves a mirar hacia adentro, dispuesto a resolver todo lo que ocurre ahí, tienes más facilidades para descubrir qué es lo que realmente te hace feliz. Aquello de ‘vivir para trabajar’ y ‘trabajar para vivir’ nos sitúa como meros ‘recursos humanos’, siendo más acertado mencionar que la satisfacción está muy lejos de ir acompañada de un trabajo bien pagado o cualquier otra circunstancia externa.

¿Cuándo fue la última vez que fuiste feliz? Plenamente feliz. Muchos de los que tienen el valor de responder esta pregunta ubican este momento cuando tenían una edad para la que los conceptos de empleabilidad, perspectivas y planes de futuro no significaban nada. Es tremendamente útil identificar los sentimientos experimentados y tratar de implementar estas cápsulas de felicidad en el momento actual. Hay quien descubre que el aburrimiento no tiene importancia, que no es necesario medir constantemente el tiempo, que la constante competitividad anula cualquier intento de libertad o que necesita alejarse todo lo posible de las redes sociales. Da igual el punto final al que llegues, solo debes ser honesto y querer encontrarlo.

Si bien en cada uno de nosotros el proceso es diferente, y lo que a uno le funciona al otro puede que no le sirva, lo importante de este viaje interior es tener la capacidad de sentir. No temas algo antes de llegar a comprenderlo. Dedícate tiempo, date una oportunidad e identifica cada parte que falta o necesita ser replanteada.