Future is calling: los grandes retos del mundo llaman a la puerta

Pensar en una frase que resuma la experiencia de la primera edición de Mañana es dar un salto temporal de más de 700 años hasta las icónicas palabras de Marco Aurelio: “Nunca dejes que el futuro te perturbe. Lo enfrentarás con las mismas armas de la razón con las que hoy enfrentas el presente”.

De hecho, si imaginamos la Antigua Roma como la aplastante máquina de innovación que fue podremos encontrar el perfecto símil para estas últimas décadas del s XXI (teniendo en cuenta que incluso los romanos llegaron a sufrir el  impacto del cambio climático y la globalización-.

La única diferencia clara entre su época y la nuestra es la aparición de términos como inteligencia artificial, machine learning o big data para explicar una revolución que, para muchos, cumplirá con las distopías de las películas de ciencia ficción. 

Para ponernos en situación, la consultoría de innovación Barrabés, en colaboración con partners como el CSIC y ENISA, lanzó el pasado junio un evento pionero de tres días en Madrid para debatir sobre los verdaderos retos del futuro, centrando el foco este año en temas como el crecimiento sostenible, la habitabilidad y el bienestar.

Ha sido tanta la inspiración y tantos los debates que en Seiyu nos hemos permitido unas buenas semanas de reflexión antes de aterrizar esas preguntas que parecen no tener respuesta: ¿Estamos cerca de ser sustituidos por robots? ¿Cómo serán las ciudades del mañana? Y lo más importante de todo, de qué forma el homo sapiens va a afrontar el gran reto de su era: el cambio climático

Pues bien, empecemos por lo último que es, sin duda, lo más urgente:

+ Con el Ártico no se juega

La “foto del año” ha desarmado al mundo. Un trineo de perros transitando por el hielo convertido en agua en Groenlandia nos recuerda que estamos a solo 16 años de alcanzar un punto de no retorno. 2035 será la fecha en la que el cambio climático será irreversible ¿Cuántos años y cuántas evidencias más necesitamos para transformar nuestra forma de hacer las cosas?

© Steffen Olsen

Carlos Barrabés en la presentación de The Farm Hub (iniciativa de startups para el impulso de la innovación en agricultura española) volvió a incidir que salvar al planeta puede ser “el mejor negocio de la historia” si políticos, lobbys y grandes compañías dan el paso hacia una transición de una economía verde y sostenible, pero esta vez de verdad. 

The Green New Deal, liderado por el partido demócrata de Alejandra Ocasio-Cortez en Estados Unidos serviría como ruta de acción (quizás los americanos sientan culpabilidad por ser el país que más gases de efecto invernadero ha generado desde 1750). Pero no bastaría. 

La transformación debe aunar a todos los actores que habitamos el mundo, especialmente a las corporaciones, multinacionales e instituciones cuyo tándem puede tener resultados impagables dentro de esta carrera contrarreloj.

“El despliege de la inteligencia artificial o big data podría ser incalculable para mitigar y prevenir los peores efectos del cambio climático, pero tengamos en cuenta que no es una bala de plata y que la acción política también es desesperadamente necesaria”Demis Hassabis (DeepMind CEO), Yoshua Bengio y Andrew Ng (co-fundador de Google) en su último paper publicado

Debemos entender que la tecnología por sí sola no es suficiente. La acción política, colectiva e individual suma a partes iguales. Hemos tardado años en aceptar la realidad para por fin dar el paso a innumerables proyectos que atienden los problemas más cruciales. Por ejemplo, la lucha contra la emisión de gases de efecto invernadero (especialmente el Co2) que intentará frenar los altos niveles del calentamiento global.

Un prototipo del capturador de c02 desarrollado en Zürich por la revolucionaria compañía Climeworks

Pequeños grupos de científicos llevan años inventando (bajo miradas escépticas) formas para extraer el dióxido de carbono del aire. Ahora cientos de inversores empiezan a financiar estos prototipos que se han vuelto tan populares. La empresa suiza Climeworks espera poder capturar con este sistema el 1% de las emisiones del C02 para 2025 e incluso anima a cada ciudadano a apoyar su plan con una suscripción de 7€ al mes

Muy cerca de ellos, en Holanda, les sigue la pista The Great Bubble Barrier, un proyecto que tira de ingenio para atacar otro de los grandes enemigos: la polución de plásticos en los océanos. Su tecnología en este caso sirve como una pared de burbujas de agua que se elevan en el océano para redirigir los desechos de plástico y facilitar su reutilización. Puedes mirarlo en acción:

En España vemos colaboraciones entre grandes y pequeños. LG junto a la startup CO2 Revolution han lanzado el reto “Smart Green” para reforestar el mayor parque natural de Guadalajara calcinado en 2012 a través con del uso de drones, big data y semillas inteligentes. Plantar 1.5 millones de árboles con un coste mínimo ya no es imposible. 

+ La inteligencia que lo envuelve todo

Cuando empiezas a leer sin parar sobre inteligencia artificial detectas una tendencia entre los expertos a querer “desmitificar” el concepto. De hecho, no es la primera vez que al abrir Feedly saltan declaraciones como las del director de aprendizaje automático de Amazon en la revista Retina hablando de que “se exagera el potencial del machine learning”.

Ralf Herbrich en Retina. Fotografía de Flaminia Pelazzi

Su postura es entendible. No se trata de infravalorar el poder de la inteligencia artificial o los robots en nuestras vidas, sino de separar la aguja del pajar. El hype de los verdaderos avances. Porque esta tecnología lleva más de lo creemos entre nosotros (¿o cuántas veces al día preguntamos a Alexa por el tiempo de la semana sin reflexionar en cómo está diseñada?) pero muchas de las predicciones aún no son del todo fiables o es más, se contradicen. Encontramos estudios diciendo que los expertos estiman que los robots ocupen para el 2030 más de 18 millones de empleos en el mundo, mientras otros muchos niegan esta realidad. 

Para explicar el estado real de la inteligencia artificial nada mejor que leer a Cassie Kozyrkov, Chief Decision Intelligence Engineer en Google:

“Los robots son muy emocionantes pero en su mayoría inútiles. La IA de hoy es sobre todo aburrida pero muy útil”.

Lo que no sugiere pensar que los avances se producen más lentamente de lo que nos creemos (o mejor dicho “tememos”). La inteligencia artificial avanza en gran medida a la rápida expansión del denominado machine learning -una subcategoría basada en la ciencia computacional- que es la que está detrás de los coches autónomos o las recomendaciones en tu feed de Facebook. 

Y aún sin tener que ponernos tan técnicos, somos capaces de apreciar el lado bueno de esta tecnología, pero también su lado oscuro (y la aplicación Deepnude es uno de los ejemplos más recientes). 

El objetivo tecnológico es permitir que las máquinas aprendan por si mismas, sin ser programadas continuamente, reconociendo patrones entre millones de datos (bigdata) para luego ayudarnos a identificar enfermedades como el cáncer -con Lunit– o crear música como el famoso sistema artificial de IBM Watson. ¿Pero cuál es el objetivo ético que debemos darle? Porque ese debate existe, llevando incluso a las instituciones a tomar partido y tratar de legislar el uso que le damos.  Algo de lo que se habla muy poco, en cambio, es de los sesgos de los propios algoritmos, que al aprender de ejemplos humanos pueden llegar a tomar decisiones racistas o machistas. Sí, aprenden de nuestra imparcialidad. Ahí está el reto. Colaborar con la inteligencia artificial manteniendo nuestra capacidad de cultivar lo que nos hace únicos: la creatividad. 

+ The new old: bienvenidxs a la salud del futuro

Vivimos mucho más tiempo, es un hecho. Los 86 años de esperanza de vida en España se quedarán cortos para 2040, fecha en la que se pronostica que seamos el país más longevo del planeta por delante de Japón. Este fenómeno tiene mucho que agradecer a nuestro sistema de salud público que, junto a los espectaculares avances de la ciencia, han hecho que envejecer sea un problema tardío. Pero en esta ecuación actores como los wearables o la inteligencia artificial han entrado en juego para hacer de la longevidad algo imparable. 

The Oura Ring vendría a ser un ejemplo muy bien diseñado. Deleita a la vista y a los sentidos, basándose en sistemas de iOT (Internet of Things) para optimizar la calidad de sueño de los usuarios. Especialmente en pacientes con trastornos graves de insomnio.

Con ayuda de estos dispositivos inteligentes el cuerpo humano ya forma parte de llamada 4ª Revolución Industrial. Es verdad que el papel de los wearables no es tan clave como el de la inteligencia artificial pero sí es alentador ver cómo estos sistemas automatizan la información médica para extrapolar los diagnósticos. El paciente ya es capaz hoy de poder agilizar sus propios chequeos de salud en campos como la cardiología gracias a la conectividad móvil de apps como Kardiamobile 

El futuro de la inteligencia artificial en salud pasa por ser una herramienta clave para el diagnóstico temprano y la personalización de los tratameintos. Vía theverge.com

El gran debate viene con la irrupción de la IA en la vida de los hospitales. ¿Médicos sustituidos por robots? ¿Será posible? El contacto entre paciente y especialista tendrá siempre un factor humano bastante difícil de superar. Pero sí podemos pensar en la inteligencia artificial como el mejor compañero de nuestros médicos. 

El diagnóstico de enfermedades a través de patrones comunes se está extendiendo con compañías como la filial de Google, DeepMind que entrena artificialmente bases de datos para detectar más de más de 50 tipos de enfermedades oculares. Además de extender el conocimiento a través de la publicación de investigaciones opensource. 

+ Un menú al estilo Netflix

La agricultura está en horas bajas, pero no podemos perder las esperanzas. Cientos de estudios, investigaciones y startups son lanzadas al año para frenar la huella de un cambio climático que nos está dejando como consecuencia la llegada de grandes sequías e inviernos extremadamente cálidos para la cosecha. En 2100 llegaremos a ser hasta 11.2 billones de personas en el planeta por lo que científicos no paran de cuestionarse ¿cómo alimentaremos a toda esa población? ¿existirán nuevas formas de experimentar lo que comemos?

La primera pregunta tiene fácil respuesta mirando las estadísticas. El sector del “agtech” solo en 2018 rozó su techo de inversión con 16.9 billones de dólares. De esta financiación emergen continuamente innovaciones increíbles en formato startup. Desde el monitoreo de cosechas a través de drones y sensores para mejorar su productividad hasta el cultivo de alimentos mediante la hidroponía (sin necesidad de tierra para crecer) 

Y encaminandose hacia el futuro con este sistema se encuentra una de las empresas más pioneras y exitosas de la industria: Phytoponics. Sus creadores Adam Dixon y Luke Parkin han denominado a su sistema “jacuzzi in a bag”. Simplemente porque permite a los agricultores cultivar sin suelo, colocando las raíces de las plantas en una solución rica de nutrientes que además consume 80% menos de agua y reduce gran parte de la emisión de gases. 

El interior de una de las incubadoras sostenibles de Phytoponics en Cardiff vía agritecture.com

La segunda pregunta peca de ser más banal, aunque gana más titulares fácilmente. Kraft-Heinz Evolv, uno de los proyectos que están intentando crear el “Netflix de la comida” va ganando la competición mediante el análisis de algoritmos para ayudarnos a planificiar nuestras próximas comidas on demand. 

Como quien va a HBO a elegir la siguiente serie a la que engancharte, la idea de nombre “Meal Hero” ha entrenado a su plataforma de inteligencia alimentaria en más de 9 millones de recetas de chefs, nutricionistas y expertos culinarios de clase mundial con el objetivo de acabar con una forma de comer ultra procesada que nos está llevando hacia la obesidad.

La comida es el hábito más importante que tenemos como seres humanos. Lo que se está haciendo con la tecnología es más grande que ésta misma. Se está reinventando el futuro a la vez que decimos a las personas que no podemos seguir comiendo igual. Ni por sostenibilidad del medioambiente, ni por salud. 

+ Habitar lo inhabitable

El 70% de la población española vive en el 30% del territorio del país. Esta demoledora frase, con la que arrancaba las jornadas de habitabilidad en Mañana, incide en la necesidad que tenemos de repoblar el rural. O al menos, construir iniciativas para dar vida al lugar donde, en esencia, nace la vida. Sabemos que la despoblación en estos entornos es la gran epidemia del país (¿Os suena la España Vacía?), pero también de Europa.

Pensemos por un momento: ¿realmente vivimos tan bien en las ciudades? Alquilar un piso en cualquier metrópolis del mundo se convirtió en un lujo demasiado cara hace ya tiempo. Solo en Paris un apartamento de tres habitaciones cuesta 2,700 euros al mes. En Londres ya se ha disparado a los 5.400 libras.  

Las ciudades son epicentros de innovación (véase primer “call para startups” del antiguo Ayuntamiento “Madrid in Motion” con Barrabés o espacios como La Nave en Villaverde) pero incluso más si cabe de desigualdad. Los retos del mañana pasan por ajustar la balanza entre rural y urbano. Dos polos cuyo futuro tiene como pilares la digitalización y la sostenibilidad.

Si optas por seguir viviendo en la ciudad quizás te guste saber de proyectos como The Urban Village Project, creado por el lab Space10 en colaboración con los daneses EFFEKT Architects para la premisa: diseñar una forma de vida mejor y más sostenible. Dicho así suena muy tópico, pero plasmado en imágenes evoca un espacio en la ciudad en la que todos querríamos vivir. El sharing como un movimiento que definirá el futuro encaminandonos hacia instalaciones y más servicios compartidos.

O en cambio puedes ser un emprendedor con ganas de darle un giro a tu estilo de vida. Convertirte en nómada digital e irte a vivir al pueblo ya es tendencia. Pandorahub o el coworking rural Sende (en Galicia) están reconfigurando los pequeños núcleos con ideas de emprendimiento slow. 

© Pandora Hub

Después de leer y empaparnos de tantos ejemplos debemos aumentar nuestras dosis de esperanza. Es posible que una vez más la creatividad salve al mundo. Es posible que seamos capaces de encontrar en el cambio climático una forma para despertar “la chispa humana” y la imaginación que siempre ha estado en la base de nuestra supervivencia. Solo esperamos que esta vez no sea diferente -eso sí, en un mundo donde inevitablemente imperarán nuevas reglas de juego-.