Minimalism, hackeo al consumo dominante en la moda

Jesús, Pepe y Víctor. Tres personas con una mentalidad para los negocios que se desmarca de la proyección que muchos poseen de empresarios y emprendedores. Minimalism es la razón que hace que sus nombres se escriban uno al lado del otro, un proyecto con solo dos años de vida donde la transparencia y la sostenibilidad tienen doble valor.

Minimalism opta por compartir con su audiencia datos que otras marcas guardan bajo llave, como los ingresos mensuales, la cantidad de pedidos que reciben y los puntos de fabricación de las prendas que ponen a la venta. Para ellos, el futuro del consumo pasa porque el cliente tenga toda la información posible para tomar decisiones de compra conscientes. “Ya no tiene sentido que te comas un tomate y no sepas de dónde viene”, explica Víctor. “Lo mismo pasa con la ropa, nosotros queremos que la gente sepa lo importante: dónde está fabricado, por qué está ahí fabricado, con qué tejidos están hechos los productos, cómo se trata ese tejido y sobre todo cuánto cuesta hacer todo”.

Preguntas tan simples pero tan poco efectuadas por los consumidores como: “¿por qué esta camiseta vale 15€ y no 10€?”, aquí tienen respuesta con un desglose total de los costes que lleva a Minimalism a poner ese precio de venta y no otro. Se trata de una carrera de fondo que tiene como principal competidor a gigantes de la industria textil que juegan a su antojo con el fast fashion. Para ellos, no hay un culpable claro y, al mismo tiempo, todos lo somos. “El mundo está montado para que haya países productores, a bajo coste, con un tipo de vida cuestionable, y otros países consumistas”, dice. Y es que cuesta creer que este problema esté lejos de ser un secreto para administraciones, emprendedores y propios consumidores. Como bien apunta: “los dos mundos lo saben, tienen la información y se sigue haciendo. Para nosotros hay que revisar esto y transformarlo lo antes posible”, sentencia.

Pensemos por un momento en que una mayor concienciación sobre fast fashion provoque daños a la economía. ¿Merecería la pena entonces participar en un consumo responsable pese a que esto signifique un decrecimiento de la misma? Para Victor, la respuesta está clara: “no tiene sentido que comprar productos de mala calidad, contaminantes y baratos mejore la economía y que lo contrario haga el mundo peor y a la gente más infeliz”. La clave está en pensar a medio y largo plazo. “Comprar poco pero cosas de calidad, orgánicas y que duren mucho tiempo”. La coherencia y sencillez al volante de todas nuestras acciones.

Moda ecológica y responsable

La razón económica es el principal motivo por el cual algunas empresas deciden optar por un modelo de negocio muy cuestionable. Lo que ocurre es que sus dimensiones y capacidad para revertir la situación suele ser directamente proporcionarle a la inactividad de la que hacen gala para ponerle fin. Entonces, ¿es sostenible ser sostenible? El equipo de Minimalism asegura que no han encontrado grandes problemas a la hora de atreverse a dar el paso. “Los productos son algo más caros de producir, pero no tan loco como para no hacerlo”, comentan. La preocupación por el país de procedencia de los productos y la eliminación de todos los plásticos posibles antes de que el envío le llegue al cliente, suma ahora un nuevo problema que han identificado y convertido en desafío. “Vendemos productos y no le damos la opción al cliente de que nos los dé cuando ya no los quiera, y hacer con eso otros productos nuevos. No tiene sentido seguir echando productos al planeta y no tener claro qué va a pasar con ellos en un futuro. Sin duda, el poner la atención en esta última fase de la cadena sirve como ejemplo claro del tipo de modelo de negocio que persigue Minimalism.

Y probablemente no sea el mejor momento para exigir nada a nadie, pero quizás sí lo sea para proponer parar y reflexionar. Probablemente hayas cambiado rutinas, estés con algo más de tiempo libre y conectado a cosas que antes no encajaban en tu cuadriculada hoja de excel. Víctor, admitiendo que no está seguro de que sea o no importante en este momento, pero seguro de que sí nos encontramos en el mejor timing para hacerlo, anima a buscar el crecimiento personal.

La incertidumbre como invitado inesperado

“Al principio del confinamiento hubo caos entre las marcas, era una situación nueva y que vino de golpe. Nos hicimos la pregunta clave que se hicieron todas las marcas, ¿qué podemos hacer ahora mismo para ayudar?”. Rebajas, códigos de descuento y un mailing agresivo no formaban parte de sus planes. Todo lo contrario. “Nuestra decisión fue parar de generar ruido, de intentar vender, de hacer marketing, pararlo todo para que la gente se centrara en lo importante y no tener transportistas expuestos enviando nuestros productos”, comenta Víctor a Seiyu.

Una forma muy particular de ayudar que sorprendió al equipo por la respuesta de la gente. Algunos no lo comprendieron, pero otros le compartieron su mismo punto de vista a través de una gran cantidad de mensajes a través de sus canales oficiales. Aun así, consideran importante dejar claro un aspecto, el más importante y el que les ha permitido que lo primero que se lea en su web sea ‘No lo compres, no es el momento’“nosotros cerramos la tienda porque podemos hacerlo, echamos números y vimos que podíamos cerrar unas semanas. Tenemos una estructura de gastos un tanto especial, esto nos ha permitido poder hacer lo que queremos con pocas dependencias”.

De alguna forma, la situación de emergencia sanitaria que atraviesa el mundo entero, sumado a un confinamiento que todavía no tiene luz al final del túnel en España, está contribuyendo a acercar la idea de Minimalism a más gente. “Dejemos que los políticos trabajen y hagamos nosotros lo que tenemos que hacer, tomando decisiones en directo, todos los días. En definitiva, estar preparado para todo lo que venga. Bueno y malo”. Como dice Víctor, el plan de revisar y transformar la industria de consumo en la moda continúa en marcha, pero con la idea clara de que los Future Storming y los planes a medio y largo plazo tienen poco sentido ahora mismo.

Nadie es nadie

Hacerse muchas preguntas y cuestionarse todo lo que venga sin mirar atrás puede ser el camino que muchos emprendedores elijan cuando la desaceleración se aproxime. Sacaremos muchos aprendizajes de este momento histórico, y uno de ellos puede ser la nueva forma en la que los consumidores se aproximen a marcas y productos. “¿De quién dependemos? ¿Qué hemos permitido que hagan? ¿Somos realmente libres? ¿Necesitamos todo eso que tenemos en casa?”, son algunas de las preguntas que desde Minimalism consideran imprescindibles a la hora de retomar la actividad.

Porque nadie estaba preparado y absolutamente todos nos acordaremos de este intenso momento el resto de nuestras vidas. Los primeros meses determinarán en gran medida la dirección a la que se dirija el mercado textil. “Nos vamos a empezar a cuestionar algunos de los gastos e inversiones que haremos. Las empresas tienen que estar pensadas para ser rentables o, por lo menos, para ser rentables cuando quieran y necesiten serlo”, comenta Víctor, acabando esta respuesta enfatizando la importancia de algo que parece obvio, pero que debe estar presente ahora más que nunca en el día a día de una compañía.

Convertir tu casa en una oficina no es sencillo. Algunas personas ya contaban con un espacio especialmente diseñado para ello, pero otros han tenido que hacer malabares para encontrar un punto en el que poder trabajar de manera cómoda. En el caso de Minimalism, ninguno ha visto un problema eso de adaptarse a la situación.A nosotros nos gusta mucho trabajar en remoto, pero también nos gusta vernos y charlar. Se echa de menos algunas cosas pero estamos intentando hackearlo de la mejor forma posible”, explica Víctor.

El término hackear gusta mucho en Minimalism, un anglicismo que podría definir perfectamente su filosofía en muchos ámbitos. Pretenden hackear la idea de que muchas personas tienen sobre la moda, hackear la manera habitual que tienen las empresas de comunicar a sus clientes y, por último y realmente importante a día de hoy, hackear una cuarentena proponiendo un pause y no un stop en la forma de consumo imperante en la moda.