Luis Rubiera, la fotografía sin segundas intenciones

Tiene la humildad de un luchador y la empatía de alguien que sabe lo que es golpear y ser golpeado. En sus palabras y en su trabajo no hay contaminación. Luis Rubiera retrata sin prejuicio y sin segundas intenciones a quien tiene la suerte de pasar por delante de su cámara. Sus fotografías parecen hacer de espejo a un modo de ser y entender la profesión: de perfil bajo, sin ser consciente del talento que hay detrás de ese disparo; pero con la intención de que esa imagen sobreviva al recuerdo.

Luis Rubiera, autorretrato.

+ Preséntate como te gustaría que te recordaran.
Soy Luis Rubiera, un chaval de 25 años nacido en Gijón que está intentando crear un lenguaje propio estético a través de la fotografía en la mayoría de los casos. Siendo honestos, no sé cómo quiero que me recuerden. Muchos fotógrafos tienen una obra maestra, por así decirlo, que te viene a la cabeza nada más escuchar su nombre. Me siento muy lejos de eso.

+ Hay veces que son una sucesión de casualidades, otras veces una influencia, otras simplemente te encuentras con ello de repente y te atrapa. En tu caso ¿en qué momento decidiste que te querías dedicar a la fotografía?
En 2013 me tuve que ir a Valencia con 18 años a estudiar Diseño de Producto y entrenar en un equipo de judo profesional. Me metí en esa carrera en gran parte porque la veía bastante compatible a nivel de tiempos con el que entonces era mi objetivo vital (risas). Aún así, no estaba en lo cierto y mi vida universitaria fue bastante desastre. En tercero se daba la asignatura fotografía como optativa, intenté matricularme pero no me dejaron por mal expediente, tenían prioridad los que tuviesen mejor nota y yo estaba al final de la cola. Era una asignatura muy fácil de aprobar. Ese mismo año, me rompí el hombro diez días antes de un campeonato de Europa, así que por primera vez tenía mucho tiempo libre para dedicárselo a los estudios. Empecé a conocer gente en la universidad, mi gran link fue Pablo Bolumar. Él me presentó a Antonio Layecla, una persona muy implicada con todo lo visual. Fue así como descubrí un nuevo mundo y una sensibilidad por la estética que no conocía. Unos meses más tarde, me atreví a comprarme una cámara gracias a que sabía que Toni me enseñaría a usarla, y así fue. En ese momento ni de coña creía que me fuese a dedicar a esto.

+ ¿Qué influencias crees que hubo en tu entorno para elegir esta carrera?
Aparte de la suerte que tuve en descubrir ese nuevo mundo para mí, echando la vista atrás mi sensibilidad por la estética ya me acompañaba desde pequeño. Con 10 años pedía ropa que veía a los mayores en el patio como regalo de cumple, me leía revistas de diseño de interior que compraba mi madre, me gustaba ver escaparates con ella… Mi madre es una gran influencia para mí, estudió moda y a día de hoy me sigo apoyando bastante en ella para algunas decisiones finales. Por otra parte, mi padre tenía en la primera casa donde vivimos un cuarto oscuro donde ampliaba. Mi casa está llena de álbumes de fotos. Esta cuarentena han sido mi mayor inspiración.

+ ¿Cómo te has formado? ¿Y cuáles han sido las lecciones más provechosas que has sacado?
Soy autodidacta. Me he formado con el sistema prueba-error. En el aprendizaje, la lección más importante que he sacado es ser sincero contigo mismo todo el rato. Auto analizarte, analizar lo que haces y el por qué.

+ Entre otras, en el proceso de un creador se dibujan varias fases muy representativas que pasan por el aprendizaje; la búsqueda y definición de un estilo; o la experimentación. ¿En qué punto te encuentras?
Creo y, espero, estar en el aprendizaje. Firmaría por estar 30 años más en esa fase.

+ Cuéntanos sobre tu “dieta” creativa. ¿Qué alimenta tu inspiración? ¿A qué medios, personas o momentos recurres para recargar?
Mi dieta creativa es muy anárquica. Simplemente proceso todo lo que veo, ya sea paseando, viendo una película, un videoclip, una campaña de moda… Me gusta la mayoría de lo que consumo. Además tengo un entorno de amigos y colegas con el que tomarse un café o unas cañas puede ser muy productivo 🙂

+ No hay nada peor que un bloqueo, ¿tienes algún truco para salir de ellos?
Pararme. Si me bloqueo, me paro y me analizo. Intento entender mi bloqueo y salir más fuerte de él, hasta la fecha ha sido así. Espero que así siga.

+ ¿Tienes algún ritual o práctica diaria?
Consumir contenido todos los días, pero eso lo hace todo el mundo. No te sabría decir. Creo que tener un ritual o una manía te hace ser dependiente de ella. En un futuro si tuviese que disparar una editorial, por ejemplo, en la otra punta del mundo, me gustaría estar igual de cómodo que en mi lugar de residencia.

+ ¿Qué es lo que más te gusta de la profesión?
El trato personal. Vengo de una carrera donde nos pasábamos días y días encerrados para conseguir un render. En esta profesión es imprescindible transmitir buena energía con la persona que estás fotografiando o el equipo que te acompaña. Me gusta ese reto personal de intentar ser, por lo menos durante ese tiempo, una persona más empática.

+ ¿Tienes algún fetiche como fotógrafo? ¿Has notado algún patrón en tu estilo o hacia lo que disparas?
Sí. Con el tiempo me he dado cuenta que me gusta fotografiar hombres más que mujeres. En mi casa siempre hemos sido 4 chicos, me he criado haciendo judo desde los 3 años… Me gusta explorar la masculinidad y romper con su normatividad. Me queda mucho trabajo pero, volviendo a la pregunta 1, sí que me gustaría que me recordasen por eso, por aportar una nuevo concepto de masculinidad.

+ ¿Qué es lo último que has hecho como fotógrafo? Cuéntanos un poco sobre ello.
Unas fotos para un proyecto que estoy trabajando. No quiero hablar mucho de ello que trae mala suerte pero en resumen se trata de fotografiar chavales de las afueras de Madrid que han encontrado un poco su refugio en los deportes de contacto. Me gustaría crear un archivo potente y sacarlo en un formato diferente. Lo que está saliendo me gusta mucho. No habría sido posible sin la ayuda de Jorge Moñiz asistiéndome desde su laboratorio, Aulaga Lab.

+ Y lo más importante ¿qué tienes ganas de hacer?
Quiero viajar. Por trabajo o por lo que sea. En esta profesión a veces se confunden el ocio y el negocio, me da igual. Quiero viajar por todo el mundo con una cámara. Crear algo realmente sólido. Mi sueño es crear un archivo personal de fotos para cuando sea viejo poder acudir a él. Reírme o llorar viéndolo, espero que sea lo primero.

+ Al final siempre damos carta blanca. Un espacio para lo que quieras: saludar a tu familia, vender una bicicleta estática o pedir matrimonio. Así que adelante:
Quiero dar las gracias a quien haya llegado hasta aquí, por dedicarme su tiempo. Es lo más importante que tenemos, no lo malvendamos. Suena Places And Spaces de Donald Byrd.

Gracias Luis