Las Pozas, el Jardín del Edén de México

Edward James, fue un millonario poeta y escritor, que en su última etapa dio vida a este jardín surrealista. Un conjunto artístico arquitectónico en medio de la selva de Xilitla llamado Las Pozas. Uno de esos lugares que hay que visitar al menos una vez en la vida.

La vida de Edward James está rodeada de historia. Una historia que quizás hace más interesante este lugar. Nacido en Greywalls, en Escocia en 1907, creció en entorno elitista y conectado con la nobleza. Dicen que su nombre le fue dado por su padre, el magnate estadounidense de los ferrocarriles William James; y por el rey Eduardo VII quien, para muchos, pasaba demasiado tiempo en su casa con la madre de Edward. Y ya se sabe, la posverdad siempre ha tenido su público.

Durante su etapa adolescente demuestra sus dotes por la escritura y su interés por la cultura. Y en 1922 sus trabajos como poeta son galardonados con el Geoffrey Gunther Memorial Drawing Prize otorgado por Eton, la escuela pública más prestigiosa de Inglaterra. Dos años después entra en la Universidad de Oxford.

Su etapa adulta fue un devenir de situaciones que le empujaron a la creación del jardín de Las Pozas. Tras un matrimonio frustrado en el que fue acusado de homosexual, Edward se muda a Europa y se vincula con el movimiento surrealista. Es allí donde se contagia de esta corriente por la innegable influencia de su amigo Dalí, con quien más tarde tendría diferencia de opiniones poniendo punto y final a su relación.

Es a mediados de los años 40 cuando Edward, que vivía en un semi exilio en los Estados Unidos, decide comprar una plantación de café. 32 hectáreas para crear su soñado Jardín del Edén cerca de Xilitla, San Luis Potosí, México y que registró a nombre de su mano derecha Plutarco Gastélum. Personaje que se encargó de dar forma a Las Pozas.

En una primera instancia la plantación fue refugio de una increíble plantación de orquídeas y de diferentes especies de animales exóticos (venados, ocelotes, serpientes, flamencos y otras aves). Pero no fue hasta 1962 y después de una helada sin precedentes que arrasó gran parte de este jardín cuando Edward James inicio la construcción del jardín escultórico que hoy se conoce.

Como buen surrealista Edward dibujó en ese jardín su personalidad y visión. Un cosmos rodeado de plantas y edificios excéntricos que dibujan una coreografía a lo largo de un espacio laberíntico. Construcciones orgánicas que se mantienen en pie sin ningún sentido útil y que son engullidas por la naturaleza dando personalidad al lugar, como si una fuerza mística y espiritual poseyera ese lugar.

Hoy este espacio sigue vivo y es el sueño, no solo para visitantes, también para creativos gracias a la Fundación Pedro y Elena Hernández. Que permiten la creación de nuevos proyectos integrados en el Jardín de Edward James de Las Pozas.