La importancia de saber dialogar con quién piensa distinto

Guadalupe Nogués se retiró del ámbito exclusivo de la ciencia para involucrarse en la comunicación, la educación, y el complejo nexo entre ambas. Este cambio en su trayectoria profesional no fue ni mucho menos premeditado, siendo ocasionado al encontrarse de lleno con la posverdad. En su Tedx Talk, asegura ser consciente de la existencia de ella desde el momento en el que quiso debatir con un negacionista de las vacunas. Y es que, hasta en el tema en que más creamos saber, en el que más razonamientos y pruebas empíricas tengamos de nuestro lado, habrá a quien no logremos convencer. Por ello es tan importante saber conversar.

Las emociones y creencias personales tienen la culpa, únicos dos motivos utilizados, excluyendo incluso las evidencias, por algunas personas a la hora de posicionarse sobre un tema. Esto está estrechamente ligado con el fanatismo, conocido por dividir en tribus a la gente y hacerles incapaces de pensar con otros y escuchar argumentos diferentes al suyo. El tribalismo tiene la capacidad de retroalimentarse y volverse más poderoso, alcanzando la posverdad su grado más alto y peligroso cuando se conversa solo con aquellos que piensan igual.

La posverdad la hacemos entre todos y la deshacemos juntos

La invisibilización nos aparta del mundo

Existen dos razones destacadas por la que la posverdad consigue expandirse tan rápidamente. En primer lugar, el no querer ceder. Todos, en algún momento, hemos sostenido con fuerza un argumento con convicción extrema pese a saber desde el primer minuto que habíamos errado en el razonamiento. Pero seguimos adelante completamente cegados, con el único objetivo de anular al otro y lograr una razón de placer efímero. En segundo lugar, el evitar hablar con personas que sabemos tienen un discurso contrario al nuestro. Da igual la razón que tengamos para no hacerlo, ya sea no entrar en conflicto o por simple miedo a mostrar una opinión concreta, el silencio es uno de los enemigos a combatir.

El tribalismo genera silencios, impidiendo a las personas expresarse. Aquello tan extendido de “el que calla, otorga”, bien merece ahora una resignificación. Es posible que aquel que no se posiciona simplemente no tenga ganas de hacerlo o sí esté de acuerdo con lo expresado por los interlocutores, pero también hay casos en los que se confunde directamente con asentimiento. A partir de aquí, es importante preguntarnos si el consenso es real o se trata de una ilusión que hace creer que, como se escucha una opinión, esta es la única que existe. Solo poniendo en duda esta serie de planteamientos se volverán a manifestar matices que contribuirán a que la sensación de acuerdo sea real.

Cómo enfrentarse al tribalismo

“La posverdad la hacemos entre todos y la deshacemos juntos”, defiende Guadalupe. Contribuimos en su nacimiento y propagación, pero también tenemos poder suficiente como para acabar con ella. Extraídas de su ya mencionada charla y libro ‘Pensar con otros: una guía de supervivencia en tiempos de posverdad’, la divulgadora argentina ofrece varias pautas a la hora de combatir el fanatismo:

+ De dentro hacia fuera. Es vital ser crítico con nosotros mismos, identificar cuáles son las ideas que nos hacen ser como somos. Los valores que merece la pena defender y los que van en contra de nuestros propios intereses, aprender a ser flexibles y vencer el miedo a cambiar de opinión ante una posible penalización social. Una vez identificadas las ideas que queremos mantener y las que elegimos desechar, la búsqueda del pluralismo será más sencilla.

+ Aprender a no tener razón. Al comenzar una conversación en la que se van a intercambiar opiniones contrarias, tenemos que partir con la lección aprendida. Dialogar no se trata de imponer nuestras ideas por la fuerza o la insistencia, haciendo necesaria una escucha activa y comprometida.

+ Diferenciar entre el qué y el quién. Cuando en una conversación no se alcanza el consenso, es fácil que entre los implicados se genere un clima de tensión al que será difícil sobreponerse. Esto sucede principalmente porque asociamos de forma directa las ideas a personas, error que participa de la sensación de amenaza que muchos sienten al expresar sus opiniones en público.