Stedsans in the Woods, el hotel sostenible que enseña a vivir en armonía

Mette Helbæk y Flemming Schiøtt Hansen un día decidieron crear un refugio en Hallan, un pueblo de Suecia. Un lugar rodeado de bosques, ríos y lagos. Puro y remoto, pero a la vez bien conectado con Copenhague y Gotemburgo. Este refugio llamado Stedsans in the Woods, y abierto a todo el mundo, es un laboratorio de estilo de vida íntegramente conectado con la naturaleza y su aprendizaje. A través de la observación y la búsqueda de modelos sostenibles este rincón busca producir mejor, pensar mejor y moverse mejor para vivir en armonía.

Este complejo sostenible en medio del bosque, de cuidada estética Kinfolk, es un reflejo más de un modo de vida simple e inteligente que se nutre de la tradición rural pero que no renuncia para nada a la evolución. Y para dar fe de ello, Claudia de Soul In The Kitchen, nos muestra desde dentro la experiencia que ha disfrutado durante una larga temporada. Un diario de viaje a través de texto e imágenes sobre cómo es vivir en Stedsans in the Woods.

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El Lago x Soul in the Kitchen

Buenos días,

Entra tanta luz por la ventana que fácilmente podrían ser las once de la mañana. Pero por el silencio que reina en la casa, me da a mí que soy la primera en levantarme. En efecto, son las nueve menos diez. Cielo despejado y un poco de calor. El día largo de trabajo, por lo menos, será seco.

Con los pies descalzos y un cuenco en la mano salgo de casa en busca de mi desayuno. Lo lleno pronto de frambuesas, arándanos y grosellas y vuelvo para acompañarlas de un poco de yogur y miel. No sé cómo gestionaré cuando vuelva a casa el dejar de comer este yogur. Es el mismo que usamos en el restaurante y se lo compramos a una señora que tiene sus vacas pastando alegremente al lado de la playa y lo fabrica artesanalmente ella sola. Sabe a casi a prado. La miel es la recolectamos hace dos semanas de nuestros panales y es una maravilla. Muelo café, caliento agua y me siento en la mesa del jardín (que es, en realidad, más campo y bosque que jardín).

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Recogiendo bayas y plantas silvestres x Soul in the Kitchen

Antes de las diez y media todos estamos sentados, más o menos despiertos, para organizar el día. Es viernes, lo que significa que hoy vienen clientes y daremos el servicio de cena. Repasamos entre todos el menú que se planeó ayer. Casi todas las verduras que utilizamos son de nuestro huerto. Aprovechamos lo que el bosque nos facilita. Poniendo un poco de atención, lo salvaje se convierte en comestible; ortigas, sorrel, manzanilla, dientes de león, spanish trevel… La carne proviene de una granja permacultural y ecológica de aquí al lado, o de caza local, y el pescado lo pescan en un lago a 20km. Esta misma mañana recolectaremos toda la verdura y las plantas silvestres. Es importante que pase el menor tiempo posible entre que se saca la planta del suelo y se sirve en la mesa. Por este motivo nunca servimos el mismo plato dos veces. Cada especie tiene su momento óptimo de maduración, se recolecta lo que crece, y si no crece, ya serviremos otra cosa. También ponemos atención en no agotar los recursos, el bosque tiene que descansar, recuperarse, no podemos acabar con todas las frambuesas de un arbusto por dos motivos: porque nos quedamos sin frambuesas para mañana y porque algún pajarito no podrá comérselas y esparcir sus semillas por otros lugares del bosque.

Tareas divididas, comienza el trabajo. Hay que revisar las cabinas y los compost toilets de los clientes. El compost se guarda y deja fermentar, para tenerlo listo para fertilizar los huertos al año que viene. Aquí no se tira nada. Todo se reemplaza. No hay desperdicio. El bosque no lo tiene, ¿por qué íbamos a tenerlos nosotros? Los restos orgánicos se los damos de comer a las gallinas; las heces de estas sirven a su vez para fertilizar el campo; el agua de fregar los platos que filtramos del lago vuelve al suelo del bosque, sin afectar a la tierra, ya que usamos jabón biodegradable; etc. También hay que hacer pan, dar de comer a las gallinas, montar la mesa del restaurante, organizar la cocina y otro largo etcétera.

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Yo recogiendo zanahorias x Soul in the Kitchen

Me toca dejar todo listo para la cena. Bajo por el bosque hacia el restaurante. Todo quedó bastante ordenado la noche anterior, aunque los soportes para los fuegos se han llenado de agua durante la noche. Los vacío y guardo las cenizas. Parto madera, enciendo la hoguera del calentador de agua y enchufo el altavoz. Música alta, Buena Vista Social Club para limpiar el comedor y disponer toda la vajilla, decorar con ramas y hojas y preparar café.

Los clientes han empezado a llegar ya. Se oyen voces en el Boat House, donde está Kevin recepcionándolos. A las seis y media vendrán a cenar. Para entonces debemos tener todo el producto lavado y ordenado por platos; tenemos que estar cenados y, a ser posible, con un baño rápido en el lago. La cena es siempre mi momento favorito del día. Todos se sientan en bancos corridos, comparten la comida, hablan, ríen y entienden lo que significa la experiencia que están viviendo. Les veo sonreír, les hago sonreír cada vez que sirvo un nuevo plato y explico toda la filosofía que hay detrás. El ambiente que se crea en la cocina es también maravilloso. Todos trabajamos en sintonía, hay una energía muy bonita que hace que fluyamos y funcionemos en equilibrio. No hay ningún rol, todos sabemos lo que tiene que hacerse y también sabemos qué nos gusta hacer y dónde encajamos mejor en cada momento.

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Mesa preparada para el desayuno x Soul in the Kitchen

Uno tras otro, van saliendo los seis platos que componen la cena. Los fuegos en los que cocinamos se van apagando, la cocina va recogiéndose poco a poco y los sonidos del restaurante empiezan a ser sustituidos por los de la noche. Son ya las once y media, hace rato que hemos servido el postre, berries and cream, nata montada con miel y yogur, bayas silvestres, chocolate y almendras; hemos dado mantas y bolsas de agua caliente a los clientes y ya sólo quedan las últimas copas por fregar. Tenemos los pies fríos, la espalda algo dolorida y una sonrisa sincera en la cara. Antes de apagar las linternas, revisamos que todo está en su sitio, para que los que mañana se encargan del desayuno tengan todo en su sitio.

Es verdad que estoy agotada, pero todavía es algo pronto y la noche está tan bonita. En dos días habrá luna llena y el bosque se ve claro. Me acerco al lago, sentándome en la orilla. El agua es un espejo, cierro los ojos pensando en lo afortunada que soy. En lo afortunados que son los clientes que dormirán hoy en el bosque. Cuando llegué aquí, sabía que crecería mucho profesionalmente. Sabía que no volvería a ver la cocina del mismo modo, el fuego, las brasas, el huerto… entender qué es posible cerrar ciclos en la producción de alimentos y concretamente en restauración; ver alimento donde antes sólo veía bosque… Lo que no sabía es que acabaría encontrándome más feliz que Mowgli en la selva, sentándome frente a un lago en absoluto silencio, en un bosque perdido por el sur de Suecia.

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*Fotografía de cabecera de Mette Helbæk