Chi Modu, iconicidad de una escena irrepetible

Es probable que su nombre no te suene de nada. Pertenece a esa clase de personas que, por circunstancias desconocidas, la grandeza y unicidad de su trabajo hace que todo lo que hay detrás quede en absoluta sombra. Chi Modu nació en Nigeria y pronto emigró hasta Estados Unidos para ser criado en Nueva Jersey. De alguna forma, la guerra civil entre Nigeria y Biafra tuvo la culpa de que, años más tarde, se convirtiera en leyenda al documentar a través de imágenes el paso del hip-hop de subcultura marginal a fenómeno mundial.

La época dorada del rap norteamericano de los años 90 pasó por el objetivo de Chi Modu. Con su firma encontramos imágenes ya icónicas de Snoop Dogg; The Notorious B.I.G, con el suéter Coogi y de fondo las torres gemelas; Mobb Deep, con la portada del álbum ‘The Infamous’ como principal ejemplo, y 2Pac, con el que creó un lazo de amistad muy fuerte.

El fotógrafo aseguró en una entrevista para The Hundreds que Tupac entendía perfectamente la importancia de lo visual y era consciente en todo momento de la presencia de la cámara, dada su relación tan cercana con el mundo de la interpretación. Por aquella época, se perseguía no solo mostrar los buenos momentos de un artista, si no enseñar cuántas capas mejor de lo que hace que esa persona sea tan respetada. Todo lo contrario que ocurre ahora con las pautas de comportamiento general que rigen Instagram o cualquier red social, produciéndose cada pocas semanas una criba de publicaciones que dejan a los artistas sin ningún background documentado de experiencias. Para Chi Modu, la fotografía servía y sirve de enlace perfecto entre un artista y su público. Aporta información muy valiosa de todo el mundo que lo rodea y del que, mediante ella, invita al seguidor a formar parte.

Más que un hobby

Chi Modu proviene de una familia cultivada con estudios superiores. Por ejemplo, su padre posee un doctorado de la Universidad de Chicago. Esto ayudó mucho al apoyo que obtuvo cuando les confesó que quería dedicarse a la fotografía. Nunca obtuvo de ellos la negativa a formarse en este terreno, por lo que creció en un ambiente de total apoyo, algo realmente importante cuando se cree nadar contra la marea en una profesión creativa.

Uno de los primeros e importantes trabajos que tuvo fue lanzar fotografías para la revista The Source, una de las publicaciones más importantes de aquel momento y todavía considerada como la mejor revista especializada en hip hop. Después de crecer tanto de manera personal como profesional e ir conquistando a todos con sus instantáneas, ya entrados los años 90 obtiene el cargo de Director de Fotografía dentro de la revista.

Más que simples fotografías

Todo aquel que le conoce, si tiene que hablar de él menciona a partes iguales su profesionalidad y calidad humana. Esta combinación es vital para enfrentarse a según qué artistas y saber controlar la situación tanto como para llevártelos a tu terreno sin que se den cuenta. No hay mayor ejemplo de esto que descubrir uno de los retratos a Ol ‘Dirty Bastard. La música y manera de dejarse ver públicamente del de Nueva York dista mucho de esa ternura con la que mira a la cámara. Consiguió que el mismo que dijo eso de: “Knew this bitch named Traj, she had a hella fine ass / Candy-ass, blew my hole in the past / Niggarette gave me gonorrhea / Pussy dick to the tippy toe like ballerina”, se viera vulnerable en un retrato ya eterno.

Su secreto no era otro que proporcionar un ambiente en el que la persona pueda relajarse. Por un lado, estará cómoda y puede que baje defensas, y por otro, tú puedes aprovechar para ver lo que está sucediendo en su mundo, ver cómo es de verdad. Es más un ejercicio que parte de dentro hacia fuera. Las claves, si es que se pueden enumerar, serían ser abierto, no prejuzgar y comenzarse por aceptarse a uno mismo para acabar haciendo lo propio con los demás.

Chi Modu supo estar en el lugar y el momento adecuado, aunque esto de nada le hubiera servido sin un talento especial para apreciar todas y cada una de las oportunidades que el destino le puso delante. Solo aquellos que sienten el poder de su herramienta de trabajo, saben que deben respetar todo lo que envuelve a la misma. En este caso, al tratarse de la fotografía, el que la controla tiene que trabajar para que cada movimiento esté perfectamente coreografiado y conseguir que, aquel que la contemple después, pueda emocionarse con la simple mirada.

“La cámara es solo una extensión de mi cuerpo”, dice.