Carbajo Hermanos, arquitectura creativa en constante equilibrio

Paciencia y reflexión son los dos adjetivos que mejor definen el trabajo de Andrea y Galo, arquitectos establecidos en Madrid y caras visibles de Carbajo Hermanos.

Estos santanderinos de nacimiento ponen a prueba su creatividad en cada nueva creación con el principal objetivo de transmitirla a los clientes para que ellos desarrollen la suya propia. ¿Cómo lo consiguen? Estudian el entorno físico, cultural y emocional sin prejuicios, apostando enérgicamente por la sencillez en los planteamientos y la armonización en los procesos.

Hablamos con ellos para conocer más sobre su trabajo y el estudio de arquitectura que lideran en la capital desde 2014.

+ Presentaros como os gustaría que os recordaran.
Andrea: Somos Andrea y Galo, dos hermanos arquitectos que trabajan juntos.

+ Hay veces que son una sucesión de casualidades, otras veces una influencia, otras te encuentras con ello de repente. En vuestro caso ¿en qué momento decidisteis que os queríais dedicar a la arquitectura?
A: Desde que recuerdo la idea siempre estuvo allí. De pequeños teníamos un libro en el que unos niños construían un pueblo en un descampado. Nos fascinaba cómo cada niño adaptaba su espacio a su personalidad. Pensándolo ahora creo que nos influyó bastante.

+ ¿Qué influencias crees que hubo en vuestro entorno para elegir esta carrera?
A: Nuestros padres eran personas muy organizadas y estructuradas, que siempre fomentaron la creatividad. Nunca nos influyeron para elegir ninguna profesión pero imagino que nuestra elección fue, en parte, una consecuencia lógica de la educación que nos dieron.

+ ¿Cómo os habéis formado? ¿Y cuáles han sido las lecciones más provechosas que habéis sacado?
A: Ambos estudiamos arquitectura en Madrid. Durante un breve tiempo colaboré con Selgascano en algunos proyectos. Me influyó mucho su actitud libre al proyectar y su habilidad para utilizar el color. En pleno boom de los concursos de arquitectura, había mucha presión por ofrecer innovaciones y echaba de menos tener más tiempo para profundizar. Logré incorporarme al laboratorio de Yoshiharu Tsukamoto (Atelier Bow Wow) y formar parte de él durante dos años. La formación de arquitectura suele centrarse en los proyectos de autor. En Tsukamoto Lab se investiga la arquitectura cotidiana, tratando de poner en valor su calidad y especificidad dentro de un contexto particular. Participar en Windowscape (Page One Publishing, 2012) me hizo empezar a ver la ciudad como un enorme inventario de soluciones arquitectónicas, creadas por la inteligencia colectiva. Esa perspectiva te da una dosis aplastante de humildad y te abre nuevos caminos para proyectar. Durante mi estancia en Tokio, Galo me acompañó intermitentemente mientras terminaba sus estudios. Colaboró un breve tiempo como interino en Sou Fujimoto Architects. En esa época casi todo lo que se diseñaba en las escuelas era grande y ambicioso. Visitar Japón le hizo interesarse por la escala pequeña. Unos años más tarde acabó graduándose en el IED en craft and product design. Nuestra práctica no se centra específicamente en el diseño de producto pero esa formación nos ha ayudado mucho a controlar el detalle en la construcción.

Fotografía: José Hevia

+ Si empezaras ahora mismo ese camino de nuevo, ¿qué errores evitarías y qué cosas repetirías?
A: Seguramente nos equivocamos muchas veces pero conseguimos encontrar el camino que nos ha traído hasta aquí. Nos sentimos bastante en paz.

+ Entre otras, en el proceso de un creador se dibujan varias fases muy representativas que pasan por el aprendizaje; la búsqueda y definición de un estilo; o la experimentación. ¿En qué punto os encontráis?
A: En la definición de un estilo. Aunque creo que el estilo en nuestro caso es más una forma de trabajar. Somos diseñadores que también gestionan la construcción. Todo pasa por nuestras manos. El proceso de la ejecución es lento y complejo por lo que hacemos pocas obras a la vez. Siempre trabajamos con la misma gente, para nosotros es importante el concepto de comunidad. En cuanto al carácter de nuestros diseños, al igual que todo el mundo tiene una lengua materna, nosotros tenemos un lenguaje propio con el que nos sentimos cómodos, pero nos gusta experimentar con otros códigos cuando el proyecto lo requiere. Tratamos siempre de encontrar el equilibrio entre nuestra identidad como creativos y la identidad de los creativos para los que trabajamos. Es importante saber respetar ese límite.

+ Contadnos sobre vuestra “dieta” creativa. ¿Qué alimenta vuestra inspiración? ¿A qué medios, personas o momentos recurrís para recargar?
A: Tenemos una manera de trabajar bastante introspectiva. Aún estamos peleando por experimentar con las herramientas y conocimientos que adquirimos en nuestra época de formación. Creo que todavía no hemos sentido agotamiento creativo. Sobre los medios, confieso que los manejamos poco, de hecho no teníamos Instagram hasta hace nada.

+ No hay nada peor que un bloqueo. ¿Tenéis algún truco para salir de ellos? ¿Los habéis sufrido más de lo normal en este confinamiento?
A: La arquitectura es una disciplina creativa que tiene una parte funcional y técnica muy importante. Hay períodos del proyecto en los que esa parte adquiere más protagonismo y hay tiempo suficiente para reflexionar sobre la parte creativa. Durante el confinamiento tuvimos suerte y nos pilló con mucho trabajo de estudio y pocas obras activas, así que pudimos teletrabajar y así evadirnos un poco de la triste situación.

Fotografía: Sergio Albert

+ ¿Tenéis algún ritual o práctica diaria? ¿Se ha visto modificado por la situación actual?
A: Tenemos una oficina pequeñita en la que trabaja todo el equipo. No tiene divisiones ni paredes así que convivimos estrechamente. Por la naturaleza de nuestro trabajo, a lo largo del día hacemos tareas muy diferentes y la mayoría no llevan mucho tiempo, por lo que interactuamos a menudo. El teletrabajo nos ha ayudado a planificar mejor y a funcionar de forma más independiente.

+ ¿Creéis que la arquitectura se verá afectada por la situación actual? Por ejemplo, ¿se dará más importancia a los espacios abiertos?
A: Sin duda la crisis del Covid provocará cambios. Habrá que resolver problemas derivados de una densidad de población que de pronto resulta higiénicamente insostenible, especialmente en las ciudades. No es posible transformar una ciudad por completo en un año, por eso hemos tenido que cambiar las costumbres y los usos. La arquitectura efímera está siendo un buen aliado. Si el problema persiste, habrá tiempo para hacer modificaciones más profundas. Las viviendas tendrán que adaptarse pensando en un potencial aislamiento: se dará más valor a los balcones y ventanas, el espacio de trabajo en casa cobrará importancia y en general se pensará más en el confort. Los nórdicos lo tienen muy estudiado, su clima extremo les ha hecho verlo así. Los establecimientos públicos y las empresas seguirán implementando servicios y sistemas organizativos que reduzcan el contacto interpersonal, pero no creo que el lugar físico cambie drásticamente. Habrá pequeñas modificaciones. Los espacios abiertos se utilizarán más. Las estancias diáfanas funcionan muy bien para muchas cosas pero habrá que pensar en una rápida subdivisión en caso de ser necesario -en Japón la arquitectura tradicional tiene resuelto este problema desde hace siglos-. Los centros educativos necesitarán una atención especial en este sentido, ya que la conciliación sin colegios parece insostenible y está visto que la economía no aguanta el parón total. También habrá que mejorar la “elasticidad” de la arquitectura sanitaria y de cuidado de mayores, para aumentar la capacidad de absorción de pacientes en caso de emergencia.

+ En el mundo artístico, uno busca siempre hacer algo único, que se diferencie de los demás. ¿Sientes que tus obras te pertenecen solo a ti?
A: Creo que nuestras obras le pertenecen tanto a nuestros clientes como a nosotros y nuestro equipo. Sobre el imperativo de destacar, en nuestro caso creo que es más una consecuencia de la necesidad de encontrar nuevos proyectos. En un mundo ideal, creo que esto nos daría bastante igual. Lo que queremos es pasarlo bien haciendo lo que nos gusta.

Fotografía: José Hevia

+ ¿Cuál es vuestro último trabajo? Contadnos un poco sobre ello.
A: Llevamos tiempo trabajando discretamente y casi todos nuestros proyectos son desconocidos. Casa Giro fue nuestra primera obra importante, a la que tenemos un cariño especial. Los chicos de Hola Coffee nos han dado bastantes alegrías. En Popota hicimos una relectura del Café Americain de Adolf Loos. En estos momentos estamos trabajando en una vivienda en Cantabria, contentos por volver a diseñar arquitectura de nueva planta.

+ Y el más importante, ¿qué propuesta tenéis ganas de hacer realidad?
A: Nos divertiría mucho construir Mini Museo. Es un proyecto muy pequeño pero tiene un valor sentimental grande para nosotros.

+ Al final siempre damos carta blanca. Un espacio para lo que quieras: saludar a tu familia, vender una bicicleta estática o pedir matrimonio. Así que adelante:
A: La generación crisis ha sido infantilizada por ser económicamente dependiente, pero en unos años nos enfrentaremos a problemas muy graves que ahora tienen solución. Necesitamos recibir el testigo cuanto antes.