Barry Gfeller. La increíble historia de alguien cualquiera

Elegir un camino no siempre tiene que llevar consigo un motivo, al menos evidente. A veces son pálpitos, a veces una manía, otras solo una ruta hacia una vía de escape. Barry Gfeller (1933-1996) dejó un archivo fotográfico de 50.000 negativos en los que siempre, durante dos décadas, retrató el escenario de cientos de ciudades de América del Norte sin aparente objetivo o razón.

La poca información que hay sobre él cuenta que era una persona inteligente y tímida, algo reacia a las multitudes y al contacto con extraños. Dedicó su vida, además de a la fotografía y a su trabajo en una fábrica de papel local, a coleccionar; desde etiquetas y embalajes cuando era niño, hasta revistas y libros de bolsillo de adulto. Pero fue a sus 40 años cuando decidió lanzarse a este obsesivo trabajo durante 20 años en el que recorrió casi 170.000 Km retratando edificios de 44 estados y 6 provincias canadienses, creando un archivo ordenado alfabéticamente y guardado en largas cajas de madera.

Barry Gfeller. Octubre de 1967

Es impactante cómo una simple afición de un tipo corriente se puede convertir en uno de los mayores archivos documentales de América del Norte. Simples instantáneas que inmortalizan fachadas, letreros, escaparates, edificios públicos e industriales. Y con patrones en común en el grueso del material que no cambia en esos años: parece que su personalidad asocial le lleva a evitar mostrar personas en sus fotografías, calles vacías; e incluso este carácter tímido parece estar tan latente que se cree que fotografiaba desde dentro de su coche evitando cualquier tipo de exposición.

Ahora toda su colección está recogida y salvaguardada gracias a Mike O’Neill, un estratega político que se enamoró de la historia en 2016 y compró la colección a una organización benéfica. Desde entonces se ha encargado de digitalizar el archivo disponible en su web.