What is reality? Francesco Ciccolella

francesco ciccolella ilustración

Francesco Ciccolella es un ilustrador que podría pertenecer a la generación de “autores que descubrimos gracias a Instagram”, de los artistas que conocemos a través de esta galería social y que nos van enganchando cada día con un trabajo nuevo.

Hay muy poca información sobre él en la red, aun no aparece reflejado en los libros, de momento en Madrid no ha participado en ninguna exposición y tampoco ofrece mucha información sobre él mismo o su vida. Tan solo tenemos de él sus imágenes,  que a cada poco nos saludan a través de la pantalla de nuestro móvil.  Todo lo que de momento podemos sacar son conclusiones, lo que nos inspire su obra, lo que nos haga pensar ver a un hombre siendo abrazado por un árbol. Está bien tener pocas referencias en el arte, aventurarte a mirar la obra sin prejuicios ni expectativas, dejarte sorprender por gente que hace cosas y las lanza al mundo como quién tira una botella al mar, esperando que alguien al otro lado reciba algo.

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Colores planos, imágenes conceptuales, pocos elementos para disfrazar realidades que él convierte y modifica. Todas sus obras tienen el don de la dualidad, de tener más de una lectura y de hacernos ver cómo los objetos no son sólo objetos. Desconocemos el mundo interior de este ilustrador, si tendrá grandes pretensiones en su ideario, pero sus imágenes parecen indicar que en la sencillez de lo cotidiano está la complejidad. Hechos pequeños, momentos, gestos, que pueden ser pensados más allá de su objetiva interpretación, que además, siempre en la vida suele ser la más aburrida de las interpretaciones.

Es curioso cómo empezaba este artículo hablando de seguir la obra de Ciccolella a través de internet, cuando resulta ser un tema muy usado en su trabajo con una connotación negativa: la de ser prisioneros de la red. Un Superman rescatando a una chica de su idilio con un Mac, o una persona ahogándose en el mar con el peso de una arroba. ¿Quién no se ha sentido así desde que el móvil es como una prolongación de nuestras extremidades? Intentar quitarnos o desengancharnos de esta cosa que a veces es droga y a veces liberación, que nos llena de conocimiento pero que a la vez nos satura del mundo donde están las cosas físicas (porque a estas alturas no sabemos qué es lo real). Su ilustración no supone en sí una crítica a su existencia ni a su uso, más bien una invitación a desconectar de ellas de vez en cuando para concentrarnos más en nosotros y en lo que nos rodea.
francesco

También tiene una serie de sillas sin personas que sujetan libros que nadie lee. Un romántico sujetando una rosa y entrando en una puerta que resulta ser un libro, como llamando a las puertas de una historia de amor, que suele ser, lo que con algunos libros se tiene. Una persona abrazando a alguien que es la nada, la oscuridad. Un señor remando en una barca rodeado de veleros, que sin embargo parece feliz de ir navegando a su ritmo y con sólo la ayuda de sus remos.

Su obra es una invitación a sentirnos bien en nuestro propio mundo, a escuchar el silencio que suele ser a menudo bastante desgarrador pero necesario. Sus imágenes parecen dar un portazo al mundo de todas las cosas, las virtuales y las tangibles, parecen decirnos, “piérdete subiendo aquella escalera helicoidal y coge de las calles lo que realmente puedan sacarte una sonrisa”.

Quizás Francesco no piense nada de esto, quizás esté en alguna isla mirando el móvil. O mirando islas desde su móvil. O en una isla, o en Banga, sin más.

Francesco Ciccolella