Oye Deb. Y tú, ¿qué quieres hacer con tu vida?

Oye Deb en Facebook

Desde que eres pequeño te bombardean con una pregunta incesantemente: “¿qué quieres ser de mayor?” Una pregunta que no siempre nos tomamos en serio; hasta que se transforma en un apremiante “¿qué quiero hacer con mi vida?” cuando cumples veintimuchos y llevas años trabajando en algo que no te gusta. Encontrar una respuesta no es fácil. Sobre todo cuando lo que se quiere es tener un trabajo en condiciones, en el que además realizarse personalmente. Conseguir este equilibrio entre satisfacción personal y profesional es una tarea compleja, pero realizable. Deborah Marín lo sabe bien, porque hace unos años pasó por esta situación. Después de mucha investigación y varios intentos fallidos, encontró el modo de vida que mejor se adaptaba a ella. Ahora se dedica a ayudar a otros a conseguirlo con su empresa Oye Deb.

Deborah escribe, hace vídeos, crea cursos online y manda la “Debsletter” cada martes. Un abanico de recursos para conocerse a fondo y encontrar una forma de ganarse la vida que se ajuste a cada uno. Y lo hace con una sinceridad abrumadora que de primeras puede descolocar. Quizá porque no es lo más común. En Oye Deb no hay lugar para las soluciones rápidas ni los “si quieres, puedes” frívolos. Conocerse y comprenderse es un proceso lento, complicado y muchas veces desconcertante. Pero absolutamente enriquecedor. Y Oye Deb da las herramientas para que sea menos caótico y mucho más productivo.

Hemos hablado con ella y nos ha contado cómo surgió Oye Deb, su evolución personal y profesional, y lo que ha supuesto para ella empezar a conocerse.

Para ponernos en situación, ¿qué es Oye Deb? ¿Qué ofrecéis y qué es lo que os hace diferentes?

Oye Deb es un espacio online en el que tratamos temas de crecimiento personal y profesional y lo acompañamos de experiencias formativas. La idea de fondo es lo que yo llamo “hacernos ricas tanto por dentro como por fuera”, porque aunque mi tema central siempre ha sido el emprendimiento y la libertad profesional lo he ligado todo el tiempo a la parte emocional y a la búsqueda interior.

Imagino que eso en sí mismo ya nos hace un poco diferentes al discurso convencional, pero además yo creo que cuidamos el contenido, la estética y la coherencia entre ambos a niveles obsesivo-compulsivos y eso en negocios como el nuestro no es para nada habitual.

¿Cómo surge Oye Deb y cómo ha ido evolucionando? ¿En qué momento decides que quieres trabajar por tu cuenta y cómo has ido adaptándolo según ibas aprendiendo y evolucionando tú como persona?

Mi camino hasta crear esta empresa fue de todo menos fácil. Para hacerlo rápido diré que yo nunca tuve una vocación clara pero me interesaban muchas cosas a la vez, que trabajé por cuenta ajena al salir de la universidad tratando de encontrarme pero nunca sucedió, que terminé por abrir un pequeño negocio creativo que me acabó llevando a otro y luego a otro, pero aunque me gustaban y funcionaban, no terminaba de encontrar que en ellos yo estuviera dando todo lo que tenía por dar. Me terminé por plantar y me dije a mí misma que no iba a hacer nada más hasta que no encontrase la respuesta, y de ese parón para pensar, investigar y tratar de conocerme mejor profesionalmente acabó saliendo Oye Deb en 2012. Desde el principio tuvo muy buena acogida y el formato sigue siendo el mismo desde entonces, lo que pasa es que el contenido ha ido variando de forma natural. Lo arranqué pensando que yo quería enseñar a la gente a montar empresas creativas porque eso era lo que yo había hecho hasta entonces y poco a poco fui viendo que prefería enseñar otras cosas que también eran importantes para mí: desde la búsqueda de un proyecto que realmente esté hecho a tu medida hasta el uso de la escritura personal como medio para el autoconocimiento y la autoexpresión o a un método de preguntas para asegurarte que estás realmente conectada con tu empresa y que la diriges en la dirección que quieres (que parece fácil pero no lo es tanto).

Oye Deb cambia a la vez que Deborah. Ahora por ejemplo estás muy centrada en los sentimientos (se agradece que alguien se atreva a decir y celebrar que no somos máquinas de producir sin más). ¿Cómo se compagina el mantenerse fiel a uno mismo y a los cambios que sufrimos, a la vez que se gestiona una empresa tan personal como Oye Deb? Supongo que supone conocerse muy bien y a la vez asumir muchos riesgos. ¿Es algo complicado o es más fácil de lo que parece?

Es complicado en algunos aspectos y sencillo en otros. Como todo, tiene sus claroscuros. Yo no pienso que me conozca bien todavía, creo que ese es un proceso en el que estaré inmersa toda la vida. Precisamente ahí creo que está la clave: trato de que Oye Deb sea un espacio en el que comparto mis propios descubrimientos a medida que los voy haciendo. Por ejemplo, ahora estoy obsesionada con el color que está tomando todo esto de los negocios online y el marketing y lo que la gente llama infoproductos (yo a los míos no les pongo ese nombre, los llamo experiencias formativas online, no porque sea pedante sino porque pienso que son más que un simple curso, trato de ofrecer siempre un viaje profundo al tema que sea que estoy tratando). Es un sector en el que muchísima gente se está queriendo subir al carro como si fuera esto el nuevo Salvaje Oeste, en busca del oro rápido, y eso está haciendo que se llene el mercado de productos sin ningún valor real hechos a toda prisa y de muy mala calidad, y además se pone todo el acento en las técnicas de venta, completamente manipulativas (dignas de la mejor Teletienda del mundo). Eso acaba dejando a los clientes descontentos porque compran por impulso productos sin valor real para ellos, y el sector se va empobreciendo cada vez más. Se está creando una burbuja que terminará por explotar.

Como esto me interesa y sé que muchas de mis lectoras tienen en mente crear algún día su primer producto digital ahora estoy inmersa en la escritura de una clase en la que trataré de enseñar la manera honesta, ética, responsable y conectada con una misma de crear este tipo de productos sin tener que renunciar a que se vendan perfectamente bien. Nadie está hablando de esto de esta manera, pero esta es mi forma de pensar y de vivir, y como es un tema al que dedico muchísimo tiempo, lo natural es que quiera compartirlo. Esa es la dinámica en Oye Deb, contar lo que más me interesa en cada momento.

A la vez eso me mantiene ilusionada aunque pasen los años y me da margen de actuación (no me ata a un solo tema, cosa que me parecería agotadora), y por lo general mis lectoras acogen muy bien cualquier cosa que les propongo porque no se trata tanto del tema en sí, sino de la manera en que lo enfocamos.

¿Qué te aporta Oye Deb que es imposible que tuvieses con un trabajo más “corriente”, de ocho horas en una oficina de lunes a viernes? ¿Hay algo que eches de menos?

¡Ay, me aporta todo, la vida entera! Si hay algo que muy esporádicamente echo de menos es la interacción humana diaria, esas relaciones que se establecen en las empresas con mucha gente, el saludar a los compañeros por la mañana, el tomar el café juntos, hacer bromas… Pero vamos, me parece un precio muy pequeño a pagar a cambio de todo lo que tengo ahora.

Para empezar, libertad de horario completa y absoluta. Luego, libertad de decisión completa y absoluta sobre lo que hago con el negocio cada temporada. Luego, no tengo un techo económico (que los sueldos fijos dan tranquilidad pero son los que son). Luego, vivo en medio del bosque y no tengo que ir a ninguna parte para trabajar a no ser que quiera. Pero bueno, eso son detalles, en realidad, lo que sintetizaría la respuesta a esta pregunta es que todos los ingredientes que yo buscaba en lo que sería el trabajo perfecto para mí a todos los niveles los he podido juntar en uno solo, hecho a mi medida. Por supuesto que hay cosas que ajustar todo el tiempo, y no todo es felicidad y unicornios, pero la verdad es que en este sentido no puedo estar más satisfecha.

Cada vez hay más gente atreviéndose a salirse de lo establecido, a intentarlo por su cuenta.¿Por qué crees que se está dando este cambio? ¿Algún consejo para alguien que se lo esté planteando que te gustaría que te hubiesen dado cuando tú lo decidiste?

Es normal, cuanto más ejemplos hay más tendencia se vuelve, y cuanto más ejemplos hay, más historias de “éxito” se cuentan, y más edulcorado se vuelve todo, especialmente en un momento como este en el que el discurso reinante parece ser el de “si quieres, puedes”. Y bueno, mi humilde opinión es que ni querer es poder, ni poder es querer. Llevar un negocio propio no está hecho a la medida de todas las personas, igual que ser empleado de otro no está hecho a la medida de todas las personas. ¿Que lo podemos intentar? Por supuesto. Pero para que la cosa funcione tienen que darse varios factores: que a ti te haga feliz (y eso incluye no solo el tema de tu negocio sino la gestión diaria del mismo), que a tus clientes le haga felices y que la estructura del negocio sea sostenible en el tiempo respetando los dos factores anteriores.

Así que, bueno, lo de emprender suena sencillo según de boca de quién lo escuches (sobre todo si es alguien que te intenta vender algo para que emprendas), pero a la hora de la verdad no lo es tanto. Una tiene que conocerse lo suficiente para saber si un negocio propio es algo a lo que quiere dedicar su energía, su tiempo y su dinero.

Oye Deb son muchas cosas: libros, recursos, vídeos, newsletter, cursos…¿cuál es el que más disfrutas de todos ellos y por qué?

Son muchas cosas porque a mí me interesan muchas cosas y me interesa la exploración no solo temática sino también de formato. No podría elegir uno solo porque cada formato me da posibilidades diferentes y pone en juego distintas habilidades. Lo que peor llevo, eso sí, es grabar vídeos donde tenga que salir yo. Pero pese a que me cuesta más lo hago igual porque deseo hacerlo. En mi negocio trato de no hacer nada que no me apetezca hacer. Por ejemplo, no doy charlas ni hago ponencias (excepto contadísimas ocasiones) porque la idea de tener una fecha marcada a largo plazo con un plan determinado no me hace ninguna ilusión. Pero todo lo que me parece interesante probar, lo pruebo.