Honbasho. La Champions del sumo

Aunque hagan todos los intentos posibles por globalizarse, Japón es aún un lugar tan fascinante como extraño. Que su deporte nacional sea el sumo, resume de forma bastante elocuente las bellas rarezas del país. Los Honbasho son las competiciones más importantes de este particular espectáculo deportivo. Se llevan celebrando desde hace casi 60 primaveras y coronan tras la disputa de sus seis citas al más destacado luchador del año. Un honor, para que nos entendamos, equivalente a ganar una Champions.

Un deporte donde apenas existen unas pocas reglas, y cuánto más gordo se está, más probabilidades de éxito se tiene. No deja de parecer extraño que, con estas características, esta actividad física no haya trascendido las fronteras de Asia y se haya instalado en el resto del obeso y sedentario Primer Mundo. Puede que sea porque el deporte en sí, tiene algo de raro. Sus combates, que en ocasiones duran menos de lo que Usain Bolt tarda en recorrer 100 m.l., enfrentan a dos tipos exageradamente obesos, ataviados con moños, y desnudos a excepción de los genitales, los cuales cubren con el mawashi, una suerte de cinturón de seda. Y es que el sumo es algo más que un simple deporte. Es un ritual que comienza antes de la pelea y que enlaza con la más ancestral tradición y filosofía del antiguo Japón, donde se practicaba, que sepamos, al menos desde hace catorce siglos. De ahí que para el occidental medio resulte algo bastante singular y bizarro. A pesar de haber evolucionado desde sus orígenes, en los que las contiendas debían ser mucho más violentas, perviven ciertos aspectos anclados a un pasado muy remoto y oscuro, como, por ejemplo, en lo relativo a la mujer, la cual tiene prohibido pisar el espacio circular de arcilla (dohyō) donde luchan los contrincantes (rikishi) porque su impura presencia puede contaminarlo.

Sea como sea, a pesar de la indiferencia o incomprensión que pueda suscitar en esta parte del planeta, el sumo es el deporte más popular y querido por los ciudadanos de la segunda potencia mundial, y una serie de competiciones llamadas Honbasho, que conforman un circuito anual, la victoria más prestigiosa con la que uno de estos luchadores puede alzarse. En unos días terminará la segunda cita del calendario, el Haru Basho, que lleva disputándose desde el 12 de marzo. Porque otra peculiaridad más del sumo es que sus competiciones de más alto nivel duran quince días, en los cuales, los participantes luchan varias veces a lo largo de cada jornada. La que está teniendo lugar en estos momentos en Osaka es la jornada correspondiente a la primavera (haru). La de apertura del año (hatsu), la de verano (natsu), la de Nagoya, la de otoño (aki) y la última del año, que se celebra en Kyushu, completan el resto de estaciones que, cada año, este grand tour hace por la geografía nipona en busca de su luchador más destacado. A pesar de que, paradójicamente, en las últimas diecinueve ediciones el honor de ser nombrado yokozuna había recaído en luchadores extranjeros, los cuales se han ido incorporado al circuito profesional en las últimas décadas. Tan significativa ha sido su presencia que casi la mitad de los rikishi proceden en la actualidad de fuera del país, y el luchador más laureado de la historia de este deporte es Hakuho, oriundo de Mongolia. Sin embargo, el año pasado, Kisenosato devolvió la ansiada corona a Japón y este año va camino de revalidarla. Veremos si algún forastero es capaz de desafiar de nuevo a todo un país y a su milenario deporte.