Si tiramos de historia madrileña y de establecimientos con solera activos a día de hoy, es imposible no citar nombres como Cervecería Santa Bárbara (1815), Restaurante Botín (1620), Pontejos (1861), Guitarras Ramírez (1870), la mítica Farmacia de la Reina Madre (1578) o Viena Capellanes (1873) entre otros. Son bastantes los locales que forman parte de esta lista, pero en ella brillan por su ausencia nombres de tiendas relacionadas con la moda; quizá por la celeridad y cortoplacismo que caracteriza a este sector. Paula Caballero, Directora Creativa de Capas Seseña (1901), está cambiando las cosas y colocando en el mapa de la alta costura a esta firma.

Se siente una especie de quietud y familiaridad cuando atraviesa la puerta que arquea el número 23 de la Calle de la Cruz. Entre sus centenarias paredes se han sucedido cuatro generaciones de sastres y de amantes de la moda que —no sin esfuerzo— han logrado mantener activo y actualizado un sector tan aparentemente clásico como es el de las capas. Y para que esto sea posible, la figura de Paula Caballero (directora creativa de la firma) es primordial. Paula es uno de los pilares gracias al cual Seseña logra materializar el entusiasmo por la contemporaneidad y equilibrarlo con el respeto por la tradición. Dentro de esa materialización para conservar y perfeccionar la capa y para que su evolución no sea sino un «hacer» constante; están las colaboraciones con, por ejemplo, la diseñadora La Condesa, pequeñas exposiciones en la propia tienda, investigaciones sobre tejidos nuevos, creación de contenidos on line y también de eventos propios, y un largo etcétera. Y es que, cuando un comercio logra alcanzar los 115 años no es por una sino por muchas razones.

Como en cada uno de estos episodios nuestra misión ha sido sacar una lección de estas aventuras creativas y empresariales. Cuando ves que algo perdura en el tiempo con esa soberanía, esa celeridad desaparece descubriendo en un sentimiento que centra en el detalle, dando prioridad a la calidad. Una tradición renovada que cae sobre los hombros como en su día lo hizo con Hilary Clinton, Picasso, Buñuel, Fernando Arrabal, Rodolfo Valentino, Plácido Domingo, Camilo José Cela, Hemingway, Gary Cooper, Michael Jackson, Pierce Brosnan y muchos otros. Cuando uno se coloca una de sus capas, siente esa satisfacción de estar en contacto con una pieza netamente artesanal y nacional, realizada con cariño y maestría. Uno palpa que lo que tiene entre manos es más que una capa; es historia, es atemporalidad y es excelencia.

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