El agotador camino hasta el Iditarod

Fotografía de Katie Orlinsky

1600 kilómetros de carrera a través de los campos nevados y las aguas congeladas de Alaska a lomos de un trineo tirado por perros. Una duración que varía entre los nueve y quince días. Temperaturas que alcanzan los – 40 °C. Es la Iditarod, una de las más duras competiciones del planeta. Un infierno de frío y hielo que pone a prueba la resistencia de sus participantes en el enésimo capítulo del desafío entre el hombre y la naturaleza.

Dice el dicho que, si la vida te da limones, debes hacer limonada. Supongo que, si lo que te da es frío y nieve durante nueve meses al año, conviene también hacer lo propio. Una de las cosas que por necesidad los habitantes de Alaska han debido aprender desde tiempos inmemoriales, es desplazarse por esta hostil tierra en trineos tirados por perros. De esta costumbre local, surgió la Iditarod, una carrera que lleva celebrándose desde 1973 y cuyo recorrido alcanza la escalofriante cifra de 1600 kilómetros. No obstante, en la lengua de los nativos de Alaska, Iditarod significa “lugar lejano”. Ese lugar es Nome, estación final de esta extenuante competición. Pero la distancia no es el mayor problema al que deben hacer frente los corredores. Las múltiples y variadas inclemencias meteorológicas, que van desde las tormentas de nieve hasta las rachas de viento, suponen un obstáculo aún más temible que las centenas de kilómetros. De hecho, tristemente resulta habitual que cada año varios perros se dejen la vida en la empresa, como se la dejó mientras filmaba esta carrera en 1980 nuestro Félix Rodríguez de la Fuente.

Fotografía de Katie Orlinsky

Es el evento deportivo más popular de Alaska, si bien las limitaciones climatológicas y geográficas no lo hacen el sitio más idóneo para que florezcan muchos otros. De esta región estadounidense provienen buena parte de los competidores, a pesar de que la popularidad que ha alcanzado esta carrera en los últimos años, ha llevado a muchos foráneos a desplazarse hasta estas remotas latitudes en busca de desafiar las adversidades de la naturaleza y la destreza de los nativos con un trineo. Unos nativos, que ven en esta carrera más que una competición deportiva, un homenaje a su medio de vida ancestral y a la relación del hombre con el perro.

La cita de 2017 dio comienzo el día 6 de marzo en Fairbanks, y en ella participaron 85 equipos, cada uno de ellos formado por dieciséis perros, nueve de los cuales, al menos, debían finalizarla. Mitch Seavey, cuyo padre ya participó en la primera edición de la carrera, se proclamó vencedor después de nueve días surcando la salvaje naturaleza de Alaska. Al término de la carrera afirmó que, a pesar de la victoria, el verdadero premio para él era sencillamente acabarla. En boca de otro podría sonar como un consuelo; en boca del ganador, una más que elocuente señal sobre su colosal dureza.

Fotografía de Katie Orlinsky

Fotografia de Katie Orlinsky

Fotografía de The New Yorker