CINE-QUINQUI_CRIANDO-RATAS-SEIYU

Criando Ratas. Reinventando el cine quinqui

A finales de los años 70, España vivía un momento de cambio social e incertidumbre generalizada. Una época, la de La Transición, mitificada por todo lo que supuso a nivel político, pero que en muchos barrios humildes estuvo marcada por la heroína y sus consecuencias. Una época que conoció a delincuentes de poca monta y de un carisma desbordante, como El Torete o El Vaquilla, asociados para siempre en el imaginario colectivo español a las drogas, coches robados y barrios de extrarradio.

Basado en este ambiente y estos personajes surgió el cine quinqui, un género tan realista que roza el documental. Directores como Eloy de la Iglesia y José Antonio de la Loma inauguraron este cine protagonizado por gente de la calle —en ocasiones delincuentes que aumentaron su fama gracias a estas películas—, rodado en escenarios reales y que mostraba la realidad de barrios humildes de la manera más cruda posible. Un género que llenó salas de cine, pero desapareció completamente en los años 90.

Hasta que en 2016 llegó una película que recogía el testigo de este género tan auténtico como desgarrador. Después de seis años de trabajo con un presupuesto mínimo y una producción accidentada, Carlos Salado estrenó por fin Criando Ratas, su ópera prima y un claro ejemplo de cine neoquinqui.

Criando Ratas cuenta la historia de “El Cristo”, al que interpreta Ramón Guerrero. Un delincuente de un barrio de Alicante que sobrevive a base de trapicheos que le permiten ir tirando y mantener su adicción. La película es una carrera a contrarreloj en la que “El Cristo” necesita reunir todo el dinero que debe en menos de 24 horas. Una historia que se entrecruza con varias tramas paralelas, como tres amigos adolescentes que hacen pequeños trapicheos mientras se gastan bromas y hablan de chicas; o las correrías de “el Pistolica”, que con tan solo doce años se pregunta por el sentido de una vida sin esperanza. Un hilo argumental que consigue mostrar en 80 minutos las diferentes etapas de un camino, el de la delincuencia y las drogas, que ofrece pocas salidas más allá la cárcel o la muerte.

Igual que en el cine quinqui, Criando Ratas fue interpretada por chavales del barrio en el que se rodó. Actores no profesionales que conocían de primera mano las historias que estaban interpretando y que aportan una autenticidad arrolladora que impregna a toda la cinta. Historias de violencia y adicción que poco han cambiado si se comparan con aquellas que el cine quinqui popularizó. Criando Ratas también quiere mostrar esa realidad que muchas veces se ignora o no se refleja de manera veraz en el cine más comercial; la que duele, por mostrar sin pudor nuestros defectos como sociedad, pero que atrae irremediablemente.

Y es que, como en los años 80, estas historias y el tratamiento tan realista que se les ha dado han despertado el interés del público. Criando Ratas ya tiene más de 800.000 reproducciones en Youtube —una forma de distribución que permite llegar a todo el mundo de manera gratuita, uno de los objetivos del director—, y su escena más compartida llega casi al millón. Unos resultados aún más espectaculares teniendo en cuenta que el proyecto se llevó a cabo con apenas 5.000 euros y que la producción estuvo plagada de dificultades. Una falta de medios y espontaneidad que también definen a este género y forman parte de su identidad.

Criando Ratas recupera el cine quinqui y lo reinventa para traerlo a un presente que sigue necesitando buenas dosis de realismo sin edulcorantes. Una película poco convencional, que rebosa autenticidad y que, desde luego, no deja indiferente.

Criando Ratas