La artista española que lleva el ‘kintsugi’ a otra escala: Carla Cascales.

En una ocasión, la escritora Clarice Lispector (teniendo cincuenta años) remitió una carta a su amiga Olga Borelli en la que decía que «Lo que es verdaderamente inmoral es haber desistido de uno mismo». Ciertamente, estas palabras podríamos aplicárnoslas todos en según qué momentos de nuestra vida; pero quizá sea en la juventud –por los hitos decisivos profesionales y vitales que se han de tomar– cuando debería invertirse el tiempo necesario para precisamente saber qué es ese «uno mismo». El ritmo y la vida en esta etapa hace que sea jodidamente complicado y que, como casi siempre, sea la omnipotente inercia quien acabe decidiendo por nosotros.

Carla Cascales había estudiado la carrera de Publicidad y Relaciones Públicas. Le siguió un master en Diseño aplicado a la comunicación y tras ello, la incorporación al mercado laboral como diseñadora de un gran grupo textil. Todo parecía (desde fuera) seguir su camino correcto y satisfactorio. Pero se dio cuenta de que ni en ese momento se sentía feliz ni que, de seguir por ese sendero, podría serlo de forma plena. Así que sacó la única arma válida, la valentía, y se lanzó a trabajar en un camino más personal y experimental; optando por crear su propio estudio como freelance y por centrarse en algo que en verdad desde siempre le había encantado: la escultura, salir del papel y del ordenador para empezar a trabajar con volúmenes y de un modo artesanal.

El Kintsugi es una técnica de origen japonés usada para arreglar fracturas de la cerámica con barniz de resina espolvoreado o mezclado con polvo de oro, plata o platino.

Teníamos fichada a Cascales porque el suyo es un trabajo que involuntariamente te hace pasar del ver al mirar, del mirar a la observación y de ésta a la contemplación. Transmite calma, sutileza y una curiosa perfección proveniente en su mayor parte de objetos imperfectos. En sus obras puede apreciarse esa madurez y coherencia que va más allá de la edad que uno tenga, y que mana de ese “hacer lo que uno sabe que se le da bien y que al mismo tiempo le apasiona”. Hemos querido conocerla un poco más para saber quién se esconde tras esas exquisitas piezas y poder apreciar su obra aún más.

¿De qué influencias bebes? ¿Y cuáles crees que te han marcado más? El Minimalismo, con su tendencia a reducir a lo esencial, a despojar de elementos sobrantes. El movimiento moderno en la arquitectura con autores como Le Corbusier, Alvar Aalto, Mies van der Rohe, la escula Bauhaus… y el Brutalismo, que como su nombre indica defiende la utilización de los materiales en bruto. Por otro lado me fascinan los valores de la cultura japonesa: la apreciación de la belleza de las cosas imperfectas, mudables e incompletas, la belleza de el proceso natural, del desgaste y de la imperfección. Reducir hasta la esencia sin perder la poesía. Aceptar lo inevitable. Desprenderse de lo innecesario.

¿Recuerdas qué obras te provocaron un pequeño síndrome de Stendhal cuando te topaste con ellas? La primera vez fue hace muchos años en el Prado, con ‘el Jardín de las Delicias’ de El Bosco, y más actualmente recuerdo cuando entré en la ‘Infinity Room’ de Yayoi Kusama, sentí algo inexplicable; o la emoción al recorrer la escultura ‘The Matter of Time’ de Richard Serra en el Guggenheim de Bilbao.

Cuéntanos cómo es tu proceso creativo y tu proceso de ejecución. En mi proceso hay una gran parte de búsqueda, una parte de mis obras consiste en rescatar materiales como mármoles y maderas antiguas que dejan de ser útiles o que no puedes usarse en la construcción porque se han roto o degradado y recuperar su belleza. Otra parte importante es la observación, mirar materiales, combinarlos entre si, encontrar qué hace especial a cada pieza. La experimentación también es básica, probar y probar hasta que una pieza adquiere ese aura especial. Normalmente realizo bocetos a mano pero las piezas van evolucionando según cómo reaccionan los materiales y hay veces que el boceto cambia y evoluciona de la idea inicial.

Entonces, ¿hay obras que has dado por terminadas o dejado apartadas y que al cabo de un tiempo retomas para retrabajarlas? No me pasa tanto con las obras pero sí con los materiales, soy una enamorada de la madera y el mármol, voy recolectando piezas de estos materiales que me gustan y las guardo en el estudio, semana tras semana las voy mirando y llega un día que aparece la magia, conectas ideas y surge la oportunidad de mezclar diversos materiales para crear una nueva escultura.

Tu trabajo transmite mucha pureza, capacidad de síntesis y perfección. ¿Te ves identificada con estos atributos? Y en lo personal, en el día a día, ¿Carla cómo es? Pureza y síntesis son palabras que me gustan mucho. Lo mejor del día a día es que es muy distinto uno de otro, cambian los proyectos, los materiales y cada día es un reto, eso me gusta, no te deja acomodarte, me gusta poder organizar mis horarios a mi manera, me hace sentir libre. Normalmente paso algunas horas en el taller por las mañanas con las esculturas que estoy más activa y por la tarde estoy en el estudio, haciendo más temas de diseño o ilustración.

¿Cuál fue la primera pieza que creaste de la que realmente te sentiste orgullosa? Creo que fue con la primera escultura de mármol grande que realicé, se me ocurrió hacer un collage de piezas de mármol blanco roto y pinar un horizonte azul en él, la pieza acabó pesando 65 Kg. No sé si fue la primera pieza de la que me siento orgullosa pero sí que representó el inicio de experimentación con volúmenes al que guardo un cariño especial.

Tus obras suelen servirse de piezas fracturadas, de elementos que, descontextualizados, no tendrían la belleza ni el “sentido” que tus manos les proporcionan. ¿Por qué de este mix de materiales y de técnicas? Encontrar belleza en materiales rotos, olvidados, abandonados, viejos… recomponerlos, mezclarlos para crear nuevos volúmenes… es algo que me encanta.

¿Qué música suena en tu estudio? Música folk o bandas sonoras de películas; pero algo que me encanta es escuchar son conferencias de temas diversos: filosofía, mitología, historia de el arte… me gusta escuchar cómo alguien te cuenta algo interesante sobre un tema que conoce o le apasiona, de hecho recientemente descubrí los ciclos de conferencias de la Fundación Juan March de Madrid ¡son una maravilla!

¿Qué hito (no meta) profesional te encantaría lograr? Puestos a desear, me encantaría hacer una escultura para un lugar público o exponer en algún museo de arte contemporáneo de los que más admiro, aunque de momento trabajando día a día que lo que me gusta ya es algo muy positivo.

¿Cuál es tu mantra o principio vital? Diría que estos tres:
“Donde no puedas amar, no te demores” de Frida Kahlo. Para mi significa algo así como: ocupa tu tiempo en las personas a las que quieres de verdad y las cosas que realmente te gusta hacer.
Solo hay dos errores que uno puede cometer en el camino: no avanzar todo el camino y no empezarlo. De Buda. Si crees en algo de verdad empieza y dalo todo hasta el final, será duro pero valdrá la pena.
“La creatividad requiere valentía” de Henri Matisse. Me gusta la idea de atreverse, de ser valiente, de explorar.

Muchas gracias, Carla.