An idiot abroad

 © Freddie Claire / Sky1 HD


© Freddie Claire / Sky1 HD

¿Quién no ha soñado alguna vez con ser el protagonista de una serie documental de viajes y visitar incontables lugares alrededor del mundo, donde probar comidas exóticas y conocer otras culturas?… Quizá este sea el sueño de millones de personas, pero desde luego no el de Karl Pilkington. Para este señor de Manchester todo esto es una pesadilla, y Ricky Gervais y Stephen Merchant aprovecharon esta situación para hacer uno de los realities más desternillantes de la historia de la televisión: An idiot abroad.

“No hay nada más divertido que tener a Karl arrinconado y molestarle con un palo. Yo soy ese palo”

El título ya da una idea bastante aproximada de lo que uno va a encontrarse. En realidad se podría considerar la sinopsis porque es la descripción perfecta del programa: coge a alguien quejica, sin filtros a la hora de expresar sus pensamientos —y de paso que odie viajar y salir de su zona de confort—, mándale a lugares remotos, ponle las cosas un poco más difíciles de lo normal y tienes un programa redondo. Ricky Gervais lo explica perfectamente; “No hay nada más divertido que tener a Karl arrinconado y molestarle con un palo. Yo soy ese palo”.

Karl es el tipo de personaje preferido de Gervais: simple, honesto hasta resultar incómodo y con cierta falta de capacidades sociales; pero él no es un personaje, es real, y esto lo que le hace tan auténtico. A veces no intentar ser gracioso es lo que te convierte en un genio de la comedia.

La primera temporada es un recorrido por las nuevas siete maravillas del mundo. Durante el viaje, Karl se queja constantemente por las condiciones en las que tiene que vivir, las veces que teme por su vida o por el simple hecho de estar viajando. Descubrir estos lugares a través de su mirada puede considerarse un revulsivo contra el turismo sin sentido; en todas partes hace demasiado calor, hay demasiado ruido y demasiada gente como para visitar un lugar que te vaya a dejar indiferente. A partir de la segunda temporada el planteamiento cambia un poco. Ya no sólo viaja, ahora además tiene que vivir experiencias extremas, que obviamente detesta, como hacer puenting y nadar entre tiburones. Pero la esencia se mantiene: Karl recorriendo el mundo y siendo puteado hasta la extenuación para delicia del público —y de Gervais y Merchant, o eso al menos dan a entender las carcajadas entrecortadas al otro lado del teléfono cada vez que llaman a Karl para proponerle una nueva “aventura”—.  

Podría dar la impresión de que ver una serie documental de viajes de la mano de alguien que detesta las novedades y las aventuras, que siente pasión por pocas cosas en la vida y que ante todo no le gusta viajar, resultaría aburrido. Pero An idiot abroad es una de las mejores opciones para reír sin parar hasta tener agujetas y terminar el programa con una sonrisa perenne en la cara. Una buena alternativa para esos días en los que no quieres pensar y ya has tenido demasiado House of Cards en las noticias.

An idot aboard en Netflix